CUANDO REGRESEMOS A CLASES…UN EJERCICIO DE LA IMAGINACIÓN

Por Arelí Santillán (Asesor de Innovación y Asesoría Educativa, A.C.)

Cuando iniciaron a nivel mundial las medidas de aislamiento para evitar la propagación del virus, inmediatamente se pensó en las escuelas. Las escuelas en México reúnen a miles de estudiantes, personal administrativo y de apoyo, y las concentraciones que producen son riesgosas. Cuando las escuelas no están abiertas, también hay menos movilidad en las calles y en los negocios locales, menos eventos y festivales, grupos sociales, fiestas infantiles y festejos escolares.1

Ante este virus, ahora tenemos grandes preguntas: qué le espera a la educación tradicional, cómo se terminará el ciclo escolar 2019-2020 y cómo iniciar el siguiente, cómo comunicarse con los miles de estudiantes que no han podido acudir a los planteles y rescatar la continuidad de sus estudios, cómo crear condiciones de seguridad y afecto, salud y alimentación para el regreso a clases, si las familias han visto afectadas su economía, integridad y unidad.

El derecho fundamental de la educación está en riesgo por un fenómeno mundial. Las diferencias con las que ya se enfrentaba nuestro país, se han enfatizado. La falta de acceso, recursos, condiciones y un currículum adecuado a las minorías, a los alumnos en riesgo, en zonas rurales, se ha disparado con la situación de emergencia sanitaria.

Hagamos un ejercicio de la imaginación…¿nos dejará algo bueno esta experiencia única?

¿Cuál será el papel de las autoridades educativas locales?

Los hechos recientes, de información contradictoria a nivel federal, estatal y local, muestran un punto que desde hace mucho es evidente: la heterogeneidad no puede ser atendida con órdenes, mandatos y formatos homogéneos. No solo la pandemia se desarrolla en diferentes ritmos y espacios, la propia cultura, actividades económicas, tipos de familias, espacios educativos, escuelas y profesores, tienen necesidades distintas y problemáticas diferentes.

Así que el papel de las autoridades educativas locales deberá será flexible y adaptativo: más que obedecer lineamientos federales, deberá buscar el bienestar de los alumnos y docentes, apoyar las iniciativas regionales de forma diferenciada de acuerdo a las necesidades y situaciones de cada zona y cada plantel, apoyar la adecuada gestión de los suministros materiales y humanos, y, sobre todo, deberá tener mucha comunicación con las autoridades sanitarias locales y los padres de familia o tutores.

¿Qué harán los supervisores y asesores técnico pedagógicos?

Comunicar de forma constante y adecuada las necesidades de la escuela a las autoridades educativas locales. Apoyar los diferentes ritmos de trabajo, avance y gestión de los aprendizajes de cada escuela y de cada aula.

Tener mayores conocimientos de higiene y control sanitario, fomentar la cooperación de directores, docentes, padres de familia y alumnos para mantener los espacios escolares libres de contagios. Implementar creativamente ideas apropiadas para cada situación para conservar las escuelas limpias y funcionales, y sobre todo saludables para trabajar (no para responder a su superior inmediato). Desarrollarán protocolos que las escuelas puedan seguir con los recursos e insumos con los que cuenten, y en caso necesario, suspenderán actividades por el bien de la comunidad.

Tendrán reuniones también creativas para proponer soluciones pedagógicas, estrategias novedosas, que tomen en cuenta la idiosincrasia y ambiente particular de cada maestro y grupo. Se desarrollarán en el uso de la tecnología para estar comunicados con todo el personal directivo y docente de su zona escolar, y fomentarán el uso educativo del celular con toda la comunidad educativa.

En general desarrollarán muchas capacidades de autonomía y de gestión del bienestar.

¿Cómo enseñarán los maestros?

Desarrollarán muchas habilidades de educación emocional, arroparán no solo a los alumnos, mejorarán sus relaciones con los padres, reconstruirán y fortalecerán los equipos de trabajo que deben hacer con los tutores, para que los niños sigan aprendiendo. Detectarán las situaciones familiares donde no está siendo posible aprender, y se centrarán en proteger a los estudiantes.

Usarán de forma más habitual y natural el celular, el Internet y una variedad de aplicaciones con intenciones educativas. El libro de texto dejará de ser central, y las actividades y secuencias tendrán que ver más con enfrentar soluciones reales a las condiciones de la comunidad.

Serán sensibles a proteger el derecho a la educación de sus alumnos, y fomentarán ambientes saludables para que ello sea posible, sus rutinas de limpieza se volverán relevantes, pero también las de muestras de afecto y calidez, respeto y tolerancia.

Sus planeaciones serán más flexibles, promoverán aprendizajes auténticos, divertidos y útiles, y fomentarán el sentido de comunidad. Trabajarán más en equipo con otros colegas, de su propia escuela, de su comunidad, del país y del mundo, aprovechando que han aprendido a estar interconectados.

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¿Cómo aprenderán los alumnos?

Serán más escuchados, más tomados en cuenta, más responsables, apreciarán más el privilegio de asistir a la escuela y estar con otros. Desarrollarán su sentido de solidaridad y cooperación. Participarán en proponer e implementar soluciones para hacer posible que no se propaguen enfermedades o que se acentúen las diferencias con sus compañeros en desventaja en cualquier sentido dentro de la escuela. Apreciarán y cuidarán más las instalaciones, el material didáctico y el medio ambiente que rodea a la escuela.

No dependerán sólo de los adultos para aprender o tomar la iniciativa en nuevos aprendizajes, serán cooperativos y colaborativos. Se atreverán más a resolver las tareas escolares desde el arte, las emociones y diversas formas de expresión y desarrollo corporal.

Formarán comunidades independientes de aprendizaje en las redes, y se comunicarán con otros niños de partes remotas, no solo para jugar videojuegos, sino para informarse, aprender y socializar. Valorarán aprender más a ser felices.

¿Cuál será el ambiente en las escuelas?

Amable, principalmente amable. Limpio, muy limpio. Higiénico, pero también saludable para la mente y el espíritu. Se harán reuniones espontáneas entre maestros, en los pasillos, en diferentes horarios, para atender creativamente soluciones a todo tipo de situaciones escolares: aprendizajes, crisis familiares, diversidad, gestión, inclusión.

El mobiliario deberá ser sanitizado, pero también pensado para afrontar con solidaridad las formas para compartir los espacios con distancia, con aislamiento higiénico, pero con humanismo y compañerismo.

Se tendrán que abrir nuevos rincones de trabajo, destinados tal vez no para estar con los alumnos de tu mismo grupo o nivel, sino para compartir un aprendizaje, resolver un asunto de rezago o afrontar dificultades cognitivas.

¿Cómo deberán contribuir los padres de familia?

Deberán hablar no desde “mi hijo”, sino desde el “nuestros niños”. El bienestar de un alumno o de un maestro, significará el bienestar de toda la comunidad. Se convertirán en mensajeros para los chicos que no pueden ir a clases, serán los aliados para los maestros, tendrán redes de apoyo en caso de que “vuelva la escuela a la casa”, sabrán que materiales y condiciones deberán tener en casa, se preocuparán más por los contenidos escolares relevantes, que por competir con otros niños (otros padres), por otros espacios.

Serán agentes de limpieza e higiene, pero también de salud mental, armonía y bienestar emocional en las escuelas.

Tomarán cursos básicos para la organización de la enseñanza en la casa, y tal vez lo hagan orientados por los profesores de sus hijos.

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¿Cómo deberán ser los materiales educativos?

Sin duda variados. Tendrán que ser los escolarizados, pero también la cocina, la sala, la recámara de la casa, las ramas del campo, las cazuelas de la estufa, la lluvia, las ventanas, las mascotas, la comida, las revistas, y todo lo que en la vida cotidiana está al alcance.

La tecnología ya no será el enemigo, no diremos “deja ese celular”, “para qué quieres Internet”. Se aprovecharán todas las historias, fotos, videos, memes y notas para aprender, se aprenderá a distinguir la información valiosa de la que no lo es; la información verídica de la falsa.

Y lo que hay en la escuela, será también de la casa: la biblioteca escolar, la laptop, las regletas, el juego de madera de geometría, los gises, el fomi, la diamantina, se transportarán con los alumnos a donde ellos estén. Tal vez deban existir pizarrones en las casas, y salas o alfombras para compartir como en familia en las aulas.

¿Qué lógica deberá tener el calendario y el horario escolar?

Será más modular, tendrá que ver más con cubrir aprendizajes reales y claves, que con terminar un bloque en un determinado tiempo. Estaremos preparados para dejar otra vez vacías las aulas si es necesario, porque hay otra pandemia, porque hay un brote, porque alguien cercano se contagió, porque hay que irse a casa otra vez. El horario será más aprovechado para resolver dudas, compartir y conversar, dialogar para aprender, para elaborar juntos, sin importar los niveles y edades, sino los avances y las tareas por completar. Comprenderá tareas de higiene, que no serán una carga extra, sino parte de la vida, parte de los aprendizajes necesarios.

¿Cuáles serán los contenidos prioritarios del currículum?

La salud mental, la higiene, la biología y la microbiología cobrarán otro sentido; será más interesante la geografía, la física, las matemáticas, las estadísticas, los modelos matemáticos, la ciencia en general. Se utilizará el lenguaje y la historia para resolver o enfrentar los problemas locales: los de la escuela (tener limpieza, compartir espacios, seguir reglas), los de la comunidad (asegurar el trabajo, tener alimentos, intercambiar información verídica), los del mundo (conocer las vacunas, las noticias, los protocolos).

Se apreciará más la agricultura, la horticultura, el cuidado del agua. Se buscará tener mejores capacidades para hablar con otros, comunicar ideas, distinguir lo falso de lo verdadero, localizar información en las redes.

Se trabajará más en el manejo de las emociones. Habrá menos contacto, pero mayor asertividad, más tolerancia, más trabajo en la empatía, en la felicidad auténtica, en las buenas actitudes.

Será importante las habilidades manuales, saber coser, cocinar, limpiar, usar herramientas, arreglar, reparar, construir.

La tecnología  con uso pertinente tendrá un papel sustancial.

UN POCO DE FUTURO, ¿QUÉ OPINAS?

Author: Innovación y Asesoría Educativa AC

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